Introducción
En 2013 el gobierno de la República Popular China (en adelante también RPC o China) inició la campaña “Contar bien la historia de China” para mejorar las capacidades comunicativas del país asiático, promover su voz en el sistema internacional, reflejar las fortalezas nacionales, consolidar una narrativa propia y fomentar un ambiente internacional favorable para los intereses chinos (Gao y Chai, 2021). Posteriormente, en la V sesión plenaria del XVIII Comité Central del Partido Comunista Chino se anunció la necesidad de llevar a cabo una “comunicación estratégica” para la consolidación del “poder discursivo internacional”, esto con el objetivo de contrarrestar los discursos y las imágenes negativas2 sobre China alrededor del mundo (Lai, 2020).
Una parte fundamental de la comunicación estratégica china ha sido la ampliación de los medios por los cuales se difunda el mensaje del gobierno de la RPC. A decir del Departamento de Defensa de Estados Unidos (EEUU), así como del centro de investigación Freedom House, en la última década China ha consolidado una importante presencia en el mundo vía los medios de comunicación masiva, lo cual se considera una actividad estratégica no-militar concentrada en la ampliación de las inversiones en la infraestructura “suave” –o digital– que ha incidido en la promoción del poder lenitivo chino, la sofisticación de las tácticas para influir en las narrativas globales, la ejecución de percibidas campañas de desinformación, así como en el incremento de la censura (Cook y Young, 2022; Department of Defense, 2018).
Para muestra, algunos datos: según el gobierno estadounidense, entre 2009 y 2011 Xinhua–principal agencia de noticias de China– estableció 40 oficinas en el extranjero y duplicó el número de sus corresponsales en todo el mundo, registrando poco más de 181 oficinas alrededor del globo para 2021 (Kurlantzick, 2022; Department of Defense, 2018, p, 16). De igual manera, la China Central Television ha provisto suscripciones gratis para reproducciones de videos y acceso a televisión a 1,700 organizaciones noticiosas y grupos de comunicación del extranjero (Department of State, 2023). Por su parte, Diresta et. al., (2020, p, 12) observan que Xinhua es el medio chino más influyente en las redes sociales “occidentales”, pues para 2020 registró 12.6 millones de seguidores en Twitter(ahora X), 79.9 millones en Facebook, 1.2 millones en Instagram y 894 mil en YouTube, mientras que el Diario del Pueblo –principal periódico al interior de China– es el cuarto periódico con mayor presencia en las redes occidentales, contabilizando 7.1 millones de seguidores en Twitter(X), 84 millones en Facebook, un millón en Instagram y 64 mil en YouTube.
Los medios de comunicación masiva transmiten numerosos discursos políticos, siendo el de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) uno de los más populares. Como Arifon et. al., (2019) ilustran, tan solo entre 2016 y 2018 el proyecto chino fue tema de 19,548 artículos y noticias en los principales medios chinos de comunicación masiva.
En esta línea, se observa el incremento de una importante literatura que analiza la representación mediática de la IFR. Bahoo y Alon (2020) se apoyan de la teoría del encuadre para estudiar la manera en que periodistas de sitios como The Wall Street Journal enmarcan la narrativa de la IFR, observando la formación de tres tipos de encuadres –dos de ellos, geopolíticos–: 1) desarrollo económico vinculado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, 2) geopolítica del proyecto chino (resaltando Estados Unidos, Europa, África y Asia, en orden de importancia) y 3) la IFR y el orden mundial.
Por su parte, Guo y Wang (2021) utilizan la teoría de los niveles de interpretación de la psicología social para explorar los determinantes en la formación de las narrativas (storytelling), descubriendo que entre periódicos chinos (como Global Times) la construcción de narrativas es mucho más intensa en tanto el evento a relatar se localice más cerca de China, mientras que entre periódicos que se podrían denominar como “occidentales” (The New York Times) el discurso sobre la IFR tiende a ser más abstracto y, por ende, más susceptible de ser interpretado por medio de la ideología.
Teo y Xu (2021) se apoyan en el análisis crítico del discurso para estudiar las representaciones de la IFR en China Daily y en The New York Times, identificando que, por parte del primer periódico, el proyecto chino se representa como un esfuerzo colaborativo que busca unificar y brindar de beneficios a los países miembros, mientras que en el segundo periódico se representa al proyecto como una amenaza geopolítica que socava la influencia global de Estados Unidos. Por último, van Noort (2020) trata el caso de la “narrativa estratégica” integrada en la comunicación visual de la Ruta de la Seda Marítima de China, argumentando que China busca persuadir audiencias para prioridades de política exterior y asegurar la promoción de la idea “IFR”.
Si bien la literatura ha estudiado implicaciones de la representación mediática de la IFR, no hay estudios acerca de este proyecto como bien público global (BPG),3 cuestión considerada importante en razón de que, desde 2015, esta caracterización ha formado parte del discurso político chino sobre su propio proyecto para la promoción de varias ideas vinculadas con el desarrollo económico (Wang, 2018). Asimismo, aun cuando la literatura resalta ciertas implicaciones geopolíticas de la IFR –por ejemplo, la amenaza a la influencia global estadounidense–, tampoco hay estudios acerca de los alcances geopolíticos enmarcados en la idea de la IFR como un BPG. Lo anterior permite constituir el objeto de estudio con base en la conjunción de los tres factores mencionados –medios de comunicación masiva, China, IFR como BPG–, ello para un análisis eminentemente cualitativo sobre las intencionalidades políticas del país asiático al momento de difundir la idea de la Iniciativa de la Franja y la Ruta como un bien público global, cuestión de interés para el presente texto.
Por lo anterior, se propone la pregunta de investigación ¿cómo se ha estructurado el discurso geopolítico que caracteriza a la IFR como un BPG en los principales periódicos chinos, entre ٢٠١٥ y ٢٠٢٠? A manera de hipótesis, el artículo argumenta que la construcción discursiva alrededor de la idea de que el IFR es un BPG refleja la intención política de globalizar ontológicamente ciertas propiedades del proyecto geopolítico chino, lo que implica colocar al orbe como el espacio de acción de China en calidad de potencia mundial. Se eligió el periodo 2015-2020 porque en el primer año apareció la idea de que la IFR es un BPG por primera vez, en un discurso dado por el ministro chino de relaciones exteriores, Wang Yi; mientras que en el 2020 se observa un cambio cualitativo en el discurso chino por la aparición de la pandemia por covid-19 (Gauttam et al., 2020), aunado a que la intención metodológica del artículo es elegir una muestra de discursos geopolíticos susceptibles de análisis.
Para fines del desarrollo del argumento, el artículo se divide en tres partes. En la primera se articula el marco teórico-metodológico con base en los conceptos “geopolítica popular” y “aparato político”. En la segunda parte se analizan las muestras de discursos en los principales medios chinos de comunicación masiva para interpretación del sentido geopolítico. En la tercera y última parte se ofrecen algunas consideraciones finales y líneas pendientes de investigación al respecto.
Geopolítica popular y aparato político
El análisis del discurso geopolítico se apoya en la geopolítica crítica por considerar a la IFR como una práctica discursiva que forma espacios territoriales en donde se dan acciones de política internacional, representando así un “mundo” distintivo por sus características –personas, lugares, historias, etcétera–. Dicha práctica buscaría configurar un “geopoder”, entendiéndose éste como la función del conocimiento en tanto herramienta de poder involucrada en la producción y gestión gubernamental del espacio territorial (Ó Tuathail, 1996).
La manera en que el geopoder es articulado y proyectado para la conformación de imaginarios geopolíticos se fundamenta en los “códigos geopolíticos” –formas en que el Estado se orienta a sí mismo hacia el mundo (Flint, 2006)–, y varía en función de las fuentes discursivas, distinguiendo así tres principales emisores o “prácticas representacionales”: tomadores de decisiones (geopolítica práctica), academia y centros de investigación (geopolítica formal), así como medios de comunicación masiva (geopolítica popular) (Ó Tuathail, 1999). Este artículo se enfoca en el estudio de la geopolítica popular por lo indicado en la introducción.
Más allá de la geopolítica popular, el artículo analiza específicamente los discursos de noticias escritas en los principales medios digitales de China, cuestión también denominada “geopolítica tabloide-digital” (GTD), ya que es un ámbito de interacción comunicativa entre todos los imaginarios geopolíticos, en la que académicos y funcionarios pueden popularizar sus discursos entre las bases sociales de manera directa (Debrix, 2007). Asimismo, y de acuerdo con Hearns-Branaman (2015), el sistema de noticias en la RPC es un mecanismo para moldear una cierta visión del mundo entre su sociedad con base en la fijación de líneas editoriales, la filtración selecta de contenido y la censura para la “manufacturación de la armonía”. Lo anterior implica que los medios digitales de comunicación masiva son una herramienta ideal para la transmisión de ideas geopolíticas a gran escala.
Para soporte teórico de la hipótesis, que indica la intención política de globalizar ontológicamente ciertas propiedades de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, cabría definir el “aparato político”, el cual se refiere a la conformación discursiva de una organización social determinada y excluyente de otros tipos de arreglos sociales con base en la formulación de antagonismos y en la hegemonía en el sentido gramsciano (Müller, 2013). La configuración de la organización social mencionada tiene, como punto de partida, a la hegemonía como productora de “lo social”, proceso en el que se reconstituyen significados por medio del discurso al punto de determinar significados únicos para el mundo social –en este caso, social-internacional– (Laclau y Mouffe, 1987).
En suma, la geopolítica popular se refiere al discurso –emitido o presente– en los medios de comunicación masiva que da forma a los imaginarios geopolíticos colectivos sobre acciones políticas en espacios territoriales determinados. Derivado de esto, la geopolítica tabloide-digital supone ser un ámbito de convergencia entre discursos geopolíticos y de homologación de imaginarios geopolíticos entre la sociedad. Por último, el aparato político se refiere al discurso que configura una organización sociopolítica determinada, esto a partir de la definición y socialización de protagonismos y antagonismos. Con base en esto, y como se verá en la siguiente sección, el artículo busca comprender la manera en que el discurso que construye la idea de que la IFR es un BPG trae consigo la proyección geopolítica de China como potencia mundial protagonista en el espacio global.
La geopolítica popular de la IFR como BPG
Para fines analíticos se eligieron discursos de dos periódicos chinos específicos, el Diario del Pueblo y Xinhua, pues el objetivo es comprender cómo se articula el aparato político en torno al objeto de estudio en la geopolítica tabloide-digital del país asiático. Por un lado, se eligió Diario del Pueblo(DP) por ser el periódico oficial del Comité Central del Partido Comunista de China, además de ser uno de los diez principales periódicos del mundo se acuerdo con la Organizaciones de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Sohu, 2020). En términos digitales, en 2020 el DP fue el periódico más popular de China, ya que cuenta con el mayor número de seguidores en las redes sociales y plataformas digitales, como Douyin(120 millones), Kuaishou(50 millones) y Weibo(207 millones), y con el mayor número de lecturas de sus titulares (23 mil veces en promedio diario) (Diario del Pueblo, 2020). También en 2020 fue el cuarto periódico más popular en redes sociales no chinas u “occidentales”, pues para mayo del año indicado contabilizaba 7.1 millones de seguidores en Twitter, 84 millones en Facebook, 1 millón en Instagram y 64 mil en YouTube(Diresta et al., 2020, p. 12).
Por otro lado, se eligió Xinhua por ser la agencia oficial del gobierno de la RPC y posicionarse como el segundo medio más influyente en el país asiático en 2020 (Xinhua, 2021), y entre los más influyentes en las redes sociales fuera de China, pues para 2020 registró 12.6 millones de seguidores en Twitter, 79.9 millones en Facebook, 1.2 millones en Instagram y 894 mil en YouTube(Diresta et al., 2020, p. 12).
En el Diario del Pueblo cumple teóricamente con los postulados de la GTD, ya que numerosos articulistas del periódico son integrantes de la geopolítica formal o práctica, destacando la primera. El 46.3% de los perfiles redactores de los textos analizados son académicos e intelectuales; 39% editores o reporteros del periódico; y solo 14.6% tomadores de decisiones o funcionarios.4 En el caso de Xinhua, 15% de los perfiles identificados son integrantes de la geopolítica formal, mientras que 17.5% de la geopolítica práctica; y 67.5% reporteros o líneas editoriales del periódico. Llama la atención el caso del perfil “Xin Shiping” (Xinhua, 2019a) quien, según Yang (2021), no es una persona real sino un seudónimo utilizado por el liderazgo chino para transmitir cierta información.
La metodología consistió en la búsqueda de los términos, o palabras clave,5 en los sitios web de DP y Xinhua en español, inglés y chino entre 2015 y 2020, esto para localizar publicaciones específicas, contextualizar el uso de los términos, identificar códigos geopolíticos e interpretar el aparato político. De este modo, se analizó el discurso presente en 33 publicaciones de Diario del Puebloy 32 de Xinhua que, entre 2015 y 2020, tratan temas asociados con la idea de que la IFR es un BPG.
El primer código geopolítico es, evidentemente, “Iniciativa de la Franja y la Ruta”, el cual es distinguido como una “práctica social innovadora”, signo de una práctica concreta del nuevo tipo de relaciones internacionales, de un nuevo modelo de cooperación internacional, que ofrece nuevos conceptos, nuevas visiones para el desarrollo y que brinda nuevos impulsos a la gobernanza global (Cheng, 2015; Le, 2017; Long, 2016). En esta línea, la IFR se caracteriza también como un “medio de desarrollo”, en el que el proyecto chino funge como plataforma “macro estratégica” para el impulso de políticas públicas importantes y para compartir las oportunidades del desarrollo de China con los países a lo largo de la ruta (Cheng, Li y Xie, 2020; Xinhua, 2016).
En relación con lo anterior, la IFR es considerada como una plataforma para suministrar bienes públicos globales. En Diario del Pueblo (2015a) se subraya la formación de un “Valle del Conocimiento” entre Guangdong, Hong Kong y Macao como elemento de alta tecnología de la IFR, con lo cual se apuesta por el aumento de la experiencia y el conocimiento de China para participar en la gobernanza económica global. Del mismo modo, en Diario del Pueblo (2017a) se cita al Reporte de Desarrollo Económico de la IFR, el cual enfatiza que el proyecto chino tiene un “gran potencial para proveer BPG” en sintonía con la Agenda 2030 de Naciones Unidas –específicamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible–, pues esta vinculación permitiría al proyecto chino “dar resultados concretos” y explotar el potencial del “efecto derrame” que podría tener beneficios transrregionales (Pinna et al., 2017).
También, la IFR se califica como un “proceso filantrópico e intangible” y una “acción altruista”, que si bien es acompañado por lógicas económicas –como la internacionalización del yuan–, trae consigo la intención de ayudar a la comunidad internacional (Liu, 2019), promoviendo una moral y confianza particulares para animar a los países a participar en la gobernanza global y no encerrarse en sus fronteras (Chen, 2018).
Un segundo código geopolítico identificado es “provisión de bienes públicos globales” (p-BPG), el cual se contextualiza en el marco de la IFR. Así, se identifica a la IFR como un “bien público global popular” y base del nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias (Diario del Pueblo, 2015b), lo cual a su vez responde a la demanda mundial de una nueva p-BPG para resolver provisiones insuficientes, o inadecuadas, de bienes públicos globales, problemas de representatividad internacional en la toma de decisiones, inefectividad en aplicación de políticas y periodos largos en la ejecución de acciones (Chen, 2018).
Cercano a lo anterior, la p-BPG dada a partir de la IFR es considerada como fuente de resultados intangibles, como la “transformación de ideas en acciones y de decisiones en bienes públicos globales”, derivado a su vez de la promoción del comercio ininterrumpido mundial, la integración financiera, del fomento de vínculos sociales y del apego a rasgos teóricos inherentes de los bienes públicos, como la no-exclusividad y la no-rivalidad (Xinhua, 2019b; Yang, 2018).
Un tercer código geopolítico es la configuración de la identidad internacional y especial de China como “potencia mundial responsable”, lo cual es un resultado de la construcción de la IFR y de una provisión “única” BPG. En otras palabras, pareciera formase la idea de que el carácter “único” de China como potencia responsable radica en la “excepcionalidad” de sus soluciones a problemas mundiales. Para He (2018), China ha asumido responsabilidades de gran potencia al impulsar la cooperación internacional en áreas de interés global, como el cambio climático, en el que el país asiático provee “bienes públicos marítimos” y ofrece “soluciones chinas” a la resolución de problemas medioambientales. Para Wang (2016), la contradicción entre la creciente demanda mundial y la poca capacidad de oferta de bienes públicos globales es el punto de partida para la responsabilidad china que explica que la Iniciativa de la Franja y la Ruta “se origine en China, pero pertenezca al mundo”. Para Wu (2016), además de proporcionar BPG para beneficio de la gobernanza económica global, la IFR también ofrece una “solución china” para la reforma de la gobernanza económica global con base en el pragmatismo económico.
Parte de la articulación del código geopolítico “China como potencia mundial responsable” se vincula con la noción de “China como fuente de desarrollo mundial”. Es decir, el país asiático es responsable porque fomenta el desarrollo en el orbe, y es capaz de promover el desarrollo mundial por ser una potencia mundial responsable. A decir de Chen, Y. (2015), China es promotor estratégico de la IFR, además de otros procesos igualmente necesarios para el desarrollo de los países, como la internacionalización del yuan, la cual promueve y profundiza la cooperación económica regional. Por su parte, para Chen, X. (2015), el desarrollo de China ha permitido al país asiático adquirir mayor confianza para posicionarse al centro del escenario mundial, en donde se asumirán mayores responsabilidades internacionales que doten de sentido a las nuevas características de la diplomacia china, proceso en el que la p-BPG desempeña un papel fundamental.
Otro componente más de la “potencia mundial responsable” es el moral. China es responsable en la medida en que parte de la moral, no de la coerción, para consolidar una provisión efectiva de bienes públicos globales. Por ejemplo, se asume que la plena materialización de un BPG depende de la moral y no del abuso, de que pueda estabilizar los cambios mundiales y de que pueda impulsar al desarrollo del globo, todo lo cual China se encuentra realizando vía la IFR, y por eso “está del lado correcto de la historia” (Xinhua, 2020a). Esto repercute en la condición de liderazgo del país asiático, ya que, en opinión de algunos columnistas, la IFR evidencia la “madera de liderazgo” de China en materia de desarrollo global (Liao, 2015), ofrece la oportunidad de “fijar el derecho de China para hablar” en asuntos estratégicos globales en tanto el proyecto chino aborda una nueva diplomacia entre grandes potencias y el desarrollo pacífico (Diario del Pueblo, 2017). Lo anterior, aunado a que es instrumental para llevar los “grandes ideales” de China al mundo, mismos que son considerados como “bienes públicos ideológico globales” que representan ser la contribución original de China a la resolución de problemas mundiales (Wang, 2019).
De esta manera, el aparato político contextualizado en los códigos geopolíticos ya descritos configura a Estados Unidos, en lo particular, y a un “viejo orden mundial”, en lo general, como los procesos antagónicos ante los cuales China emerge como la protagónica. En una entrevista de 2017 con Joseph Nye se llama la atención a que Estados Unidos debería dar la bienvenida China en su papel como proveedor de BPG, ya que estos pueden ayudar a mejorar la infraestructura regional, las inversiones, las operaciones en infraestructura, así como la cooperación regional asiática (Hu, 2017). Para otros columnistas, como Xiao (2019), las tesis sobre las trampas de Tucídides y de Kindleberger6 son falsas, creadas por algunas personas de Occidente que buscan dañar la potencial relación cooperativa sino-estadounidense, misma que debe enfocarse en la construcción conjunta de la IFRcomo BPG.
En sintonía con lo anterior, en un artículo se lee que la globalización económica del mundo actual es interdependiente y profunda, muy diferente a la realidad en la que podría suceder la “trampa de Tucídides”, por lo que es necesario “ir con la corriente” y esforzarse para cooperar para proveer BPG; esto se dice, sobre todo, aludiendo a los potenciales problemas en la relación China-Estados Unidos, países que deben comprometerse mutuamente para el mantenimiento del orden mundial (Wang, 2016).
En cuanto al “viejo orden mundial”, en Xinhua (2017a) se identifica a la antiglobalización –o desglobalización– como un problema de la estructura mundial necesario de resolver, ya que supone la aparición de obstáculos para la gobernanza económica global, como el proteccionismo comercial o los populismos, que al final provocan “desacoplamientos”, irresponsabilidades internacionales por parte de las potencias, aumento en la brecha entre oferta y demanda de BPG, inhibición del desarrollo mundial (Xinhua, 2020b).
En consecuencia, la organización propuesta en el aparato político del discurso analizado se resalta la contribución de China, considerada como “fuerza importante” en la promoción de la gobernanza global vía “soluciones chinas” y p-BPG (Xinhua, 2017b). En el contexto de la desglobalización, agudizado por la pandemia, algunos artículos manejan la idea de la cada vez mayor necesidad de nuevos bienes públicos globales –mencionando a la IFR como ejemplo– (Xinhua, 2020c), proceso en el cual China se erige “al rescate” para mantener una economía mundial abierta (Xinhua, 2020d).
En consecuencia, y como puede verse, en el Diario del Pueblola IFR es pensada como algo innovador, sin precedente, impulsado por la naturaleza “filantrópica” de China, a partir de lo cual se añade el significado de BPG a su identidad teórica, aunque no solo es esto, sino un BPG “popular” a raíz de ser una plataforma para provisión de otros bienes públicos y base de la creación de nuevas relaciones entre grandes potencias. En otras palabras, lo novedoso de la IFR es que es el BPG por excelencia, del cual emanan los demás bienes públicos necesarios para la gobernanza global. De forma similar, en Xinhuase define a la IFR como un medio para el desarrollo, con el que China busca combatir los efectos desglobalizantes vía la p-BPG. También, se insiste en determinar el significado del proyecto chino como positivo para el desarrollo mundial, lo cual puede “verse” con la “amplia aceptación” de la comunidad internacional. Por último, se significa a la IFR como algo innovador, sin mayor precedente más que el apoyarse en las buenas prácticas de la historia para promoción de la conectividad entre las sociedades.
El aparato político presente en el Diario del Pueblo distingue a China como potencia mundial responsable, y resalta la necesidad de superar un orden cuya dinámica se fundamenta en el conflicto civilizacional e ideológico –basado en ideas consideradas “erróneas”, como la de suma-cero, o las “trampas” aludidas antes–, y en el que China desempeñará un papel protagónico, en muchos casos junto con Estados Unidos. Aquí los discursos involucran una amplia creación de significados para moldear una imaginación geopolítica en la que China es un activo, responsable, e incluso deseable, participante de un nuevo orden mundial, y en el que Estados Unidos –a pesar de algunas narrativas– es bienvenido a sumarse. El espacio de acción político-internacional de China es global, no exclusivamente ceñido a un espacio territorial en particular.
En contraste con lo anterior, en Xinhua se alerta de procesos mundiales “indeseables”, como la desglobalización, el proteccionismo comercial, la tendencia al conflicto y los populismos. Para enfrentar esto, se percibe un nuevo orden basado en China y su IFR, pues suponen fuerzas de orden internacional, de reforma para la gobernanza global, de mantenimiento de “buenas” prácticas internacionales –como el multilateralismo– y de carácter histórico único. De manera problemática, se define a China como causa y consecuencia del desarrollo global, situación tautológica por la expresión de la idea de que “el desarrollo de China es el desarrollo del mundo”, presente en algunos discursos analizados.
Consideraciones finales
La manera en que se ha estructurado el discurso geopolítico que caracteriza a la Iniciativa de la Franja y la Ruta como un bien público global, en los principales periódicos digitales chinos entre 2015 y 2020, en efecto refleja la intención política de globalizar ontológicamente ciertas propiedades del proyecto geopolítico chino, lo que implica colocar al orbe como el espacio de acción de China en calidad de potencia mundial. Es decir, el geopoder chino se manifestaría en la intención de producir y gestionar al territorio denominado como “mundo”. Las propiedades que se busca globalizar pueden observarse en el contexto de los códigos geopolíticos analizados, destacando las siguientes ideas:
- China como potencia mundial responsable.
- China como fuente de desarrollo.
- La IFR como plataforma de cooperación.
- La IFR como BPG.
- La necesidad de resolver problemas mundiales.
- La necesidad de evitar un conflicto entre grandes potencias.
En consecuencia, se configura un aparato político en el que se destacan cinco principales procesos antagónicos. El primero es una ausencia y, por ende, una demanda internacional de bienes públicos, con lo cual los procesos de desarrollo económico internacional se ralentizan y las oportunidades de desarrollo de los países se entorpecen. El segundo es una demanda de reforma de las bases de la gobernanza económica global, pues –vinculado al primer proceso antagónico– también dificulta el camino al desarrollo de los países, además de que parte de esa reforma es la demanda de participación en la toma de decisiones. El tercer proceso es la tendencia al conflicto entre China y Estados Unidos, agudizado sobre todo al inicio de la guerra comercial de 2018, lo cual puede paralizar las dinámicas económicas globales al ser segunda y primera economía de importancia mundial, respectivamente. El cuarto proceso, conectado al tercero, es el “desacoplamiento” entre los grandes proyectos de política mundial de las potencias, lo que puede resultar en la formación de geopolíticas de contención7 que susciten tensiones por buscar limitar la presencia de una potencia por otra en un territorio determinado. El quinto es la tendencia hacia la desglobalización, con lo cual (re)aparecen fenómenos problemáticos para las dinámicas de desarrollo del mundo, como el proteccionismo comercial y los populismos.
Como resultado de la insistente socialización de estas ideas, en el estudio de la geopolítica popular china se observa la tendencia a significar procesos problemáticos en el mundo y a China como la solución a estos problemas. Esta cuestión se considera ontológica en la medida en que lo anterior supone ser un esfuerzo para resignificar ciertas bases ordenadoras del orden mundial, énfasis en el papel de las potencias mundiales como factores organizadores del sistema internacional y como fuente de estabilidad al relacionase con otras potencias.
De esta forma, el discurso geopolítico chino, observado en los medios de comunicación masiva, parece confirmar que existe una consciencia geopolítica en el país asiático acerca de su propio estatus como potencia mundial, aunado a que la proyección de dicho estatus es global en la medida en que China se asume, a sí misma, como potencia mundial responsable y fuente de desarrollo global. La manera en que se justifica esta proyección es, precisamente, vía la Iniciativa de la Franja y la Ruta, por lo cual la caracterización del proyecto como un “bien público global” resulta ser una narrativa eminentemente estratégica, ya que esto permitiría crear imágenes positivas del proyecto chino y reducir cualquier rechazo internacional posible al mismo.
El artículo no tiene el objetivo de evaluar la aceptación internacional del discurso geopolítico chino, por lo que esto supondría una agenda pendiente de investigación, además de que saber esto complementaría el análisis aquí realizado. Pero, al parecer la hipótesis se confirma, ya que el discurso de la geopolítica popular china parece buscar el fomento de cierta consciencia geopolítica de proyección global en el que China comunica al mundo que son los buenos de la historia mundial en curso.